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viernes, 29 de julio de 2011

El Epitafio de Judas Priest


Volvemos a Lisboa y volvemos de concierto, así que Noni, Kini y el que escribe, cogemos el coche y camino al oeste,una paradita en Badajoz para desayunar y comprar materia prima, me refiero a unas barritas de pan y un poco de queso, el jamón ya lo llevamos de una tienda más especializada. De otras veces ya conocemos los problemas para comer algo antes de entrar en el Pavilhao Atlantico. Por cierto, me paro a mirar si he cogido la navaja para los bocatas, tranquilo, si la llevo. Buena música en el coche para ir entrando en faena, en menos de tres horas, en Lisboa, coche aparcado y libre para tomar las primeras cervezas del día. Nos vamos para Rossio, tenemos hambre y comemos algo acompañado de unas Sagres, un par de londinenses, ya jubilados, en una mesa cercana a la nuestra, enseguida entramos en conversación a raiz de uno de nuestros platos, una cataplana de marisco,

 la cataplana es una cazuela semiesferica con otra parte igual que sirve de tapadera con unos ganchos que permite cerrar una sobre otra y se pueden hacer guisos de marisco, de pescado etc. Al final de la comida una copita de amarguiña y como hace mucho calor pues nos vamos a descansar y a esperar a Jose y Jorge, colegas de Badajoz y de conciertos. Cuando llegan, los saludos de rigor y nos preparamos para irnos acercando al pabellón, ¡que no se nos olvide nada! las entradas, la cámara de fotos, el jamón, el pan y la navaja de los bocatas. Cogemos el metro en Marqués de Pombal y transbordo en Saldanha, en veinte minutos en la estación de Oriente.Entramos en  el centro comercial Vasco de Gama y subimos al último piso, a la cafetería Lusitania con su estupenda terraza desde donde podemos ver todo lo que rodea al pabellón.
 Pedimos unas Super Bock, sacamos el pan, el queso, el jamón y la navaja de los bocatas y a comer algo antes de entrar. Cuando terminamos, guardo mi navaja de los bocatas y nos dirigimos a la entrada, las fotos de rigor,
 antes de entar, el paso entre las vallas, los típicos cacheos y ¡joder! la navaja de los bocatas. ¡Apartesé a un lado por favor!, la policia portuguesa llama a los miembros de seguridad del concierto, me pasan dentro, donde uno de ellos -debe ser uno de los que manda- me da una charla que yo conozco pero que ellos no entienden que ha sido un despiste, de que no se puede llevar una navaja en un concierto de rock. Ya me veía sin mi navaja de los bocatas que me acompaña casi siempre en mi trabajo y en mi bolso. El de seguridad me pide que le acompañe, y en medio de dos armario-ropero me llevan por unos solitarios pasillos, cuando yo pensaba que me iban a fusilar en la pared del pabellón, llegamos al guardarropas, hablan con las chicas encargadas, me piden un euro,  y ¡sorpresa! cuelgan mi navaja de los bocatas de una percha, el de seguridad me dice que cuando acabe el concierto puedo recogerla y yo no puedo aguantarme la risa. Vuelvo dentro donde se encuentran los colegas y no se pueden creer lo que les cuento, pero fué así. Volvamos a lo importante, el concierto, sale Queensryche, el cuarteto americano que actuan de teloneros, la verdad que muy bien pero un poco cortitos, con cuarenta minutos lo hicieron, no dijeron adiós y se fueron, el cantante Geoff Tate,
 de origen alemán recuerda un poco al look de Rob Halford, el vocalista de Judas Priest.
 Esperando la salida de los "Judas" llegan otros tres colegas de Badajoz, así que ampliamos el grupo, nos colocamos en un buen sitio, muy cerca de la valla en la parte izquierda del escenario y a esperar.


Cae el telón con el nombre de la gira Epitaph y aparece Halford con uno de sus clásicos abrigos largos que cambia como siete veces durante el concierto,
 el guitarra Glenn Tipton y el bajo Ian Hill en la parte derecha del escenario, el bateria Scott Travis en el centro en alto y junto a nosotros el nuevo guitarra que ha sustituido a K. K. Downing, Richie Faulkner, un tío que le ha dado un juego tremendo a la banda, a pesar que lo ficharon este año para el Epitaph World Tour.



 Mucho cuero y mucho metal pesado, Judas Priest fué tocando temas de casi todos sus albunes, en un escenario muy en su línea, con fuego y cadenas a diestro y siniestro y rematando con la ya clásica entrada de Rob con su moto en el escenario.





 Es la tercera vez que veo a este grupo, la primera en 1984 y quiero decir que es la que más me ha gustado, de todas formas el pabellón es espectacular con un sonido magnifico, no conozco mejor sitio que este pabellón para escuchar música.

Después de dos horas y media sin descanso se despidieron de la afición con un buen sabor de boca y con buen "feeling" entre grupo y espectadores. Compré la camiseta del tour y salimos, pasando por supuesto por el guardarropas para descolgar mi navaja de los bocatas de la percha.
 Para terminar la jornada, la clásica hamburguesa en Hard Rock comentando los detalles del concierto hasta que nos echaron,
 no por pesados sino por la hora de cierre, sobre las tres de la mañana, dos en Portugal. Mañana corriendo a casa que hay que trabajar.

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